El mar del tiempo

“Trozos de papel se pierden en la mar…Que blanco es el ayer, que triste el porvenir, lleno de preguntas que no llegan a su fin. Quién dirige el aire… Quién maneja el tiempo…”

Hace algunos años me preguntaba quién dirigía el viento, a quién mandaría el tiempo para sanar mi dolor. Y los años pasaron. Pero…, el tiempo no envió consuelo para tanta aflicción.

Recuerdo aquellos días sombríos, paleta de grises, de sonidos que no quería escuchar. Repicaba en mi cerebro solo el eco de su voz. Lo único de lo cual no me despojó. Me pregunto si se puede vivir una vida anhelando lo que se dejó.

Y no…, no soy yo.

Fue la inseguridad, la encrucijada de los destinos, el miedo a tenerlo todo o el miedo a perder. Arriesgar para alcanzar lo profundo del sueño tantas veces imaginado. Pero el miedo, sí, ese miedo nos paraliza, y en ocasiones obnubila la razón. Nos deja sin argumentos. Aún cuando el mayor argumento sea el amor.

Comprender que es mejor no luchar contra el destino, a pesar de librar una batalla en nuestro interior. Y es tan grande la melancolía, el desconsuelo, que no alcanzan las palabras para expresar tanto desasosiego de los sentidos, del alma del corazón. De lo que fue y jamás pasó de ser…, un cuento sin término. Pero no se puede esperar tanta vida para poner desenlace a un cuento. Porque la vida, sí, lleva impresa su propio final.

Es temerario hacerse preguntas que ni el tiempo podrá contestar. Porque…¡El tiempo no es tanto cuando la vida es efímera! Eterno… sí, los sentimientos que nunca se desligan de la existencia. Realidad que se marchita susurrándole al viento verdades que no llegarán a su fin.

Entender que el tiempo solo lo manejamos nosotros.

Sí, tú, yo. Por eso… no quiero navegar más en mares de tiempo.

Pero eso…, lo deseo yo.

El destino… quizás no.

 

Logo BLANCO COMPRIMIDO

 

2 comentarios sobre “El mar del tiempo

  1. Escribes con mi teclado, recoges con tus dedos a un corazón abandonado, peinando los flecos enredados de un tiempo que creía olvidado en un pasado que ya no duele … aunque leyéndote, ¿quién lo diría? se ha llenado de nostalgia mi mirada y el mar ha acudido presto a mis ojos.

    No duele, no. Solo llegan hondas tus letras y, ahora, ya puedo sonreír de nuevo al cerrar los ojos.
    Gracias

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