Pirómano del Amor

No permitas que mutilen tus alas, incluso llevándose el sol su cielo, ellas relucen sobre la cara oculta de cien lunas.

Por eso no! no lo permitas. Hazme ese favor.

No puedo rogarte que apartes temores, que atesores venganzas… Entiendo que te prendiste de amargura cuando te las quemó aquel experto pirómano del amor.

Pero no conviertas el agua en gotas infladas de rencor.

¡Quédate!

Solo tú, tú podrás enseñar a otros a volar. Les dirás que las cenizas que colman el fuego de la tristeza se vuelven a trocar en pétalos, aún sin flor.

Y que no consentirás que tus pies caigan sobre el suelo de la irrealidad. Que no pondrás zancadillas al camino solo porque alguien, alguna vez, te las aplastó. Sí, te dejó alada. Pero siempre hay alivio para la aflicción.

Eso sí para el fuego del Alma…, ¡no, no más pirómanos!

Porque para ese incendio…

Para ese es tan ¡Tan severa la hoguera del dolor!

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3 comentarios sobre “Pirómano del Amor

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