Alma de bar

¡Soy alma de bar que sobrevive embriagada con blues de tristeza!

Que malvive perturbada por un tornado inesperado

que arrasa cimientos sólidos de insegura convicción.

¡Ay, mujer solitaria! que tropieza entre notas sin acordes

de un destartalado piano.

Que trasnocha al compás de clientes en madrugadas escampada de pesar.

Que descansa su íntimos temores en vasos de abatimiento.

Que aguarda para encontrarse  aquellos ojos que le rediman de posar los frustrados brazos sobre la barra…

¡La barra de ese bar inventado! 

De ese bar de crepúsculos desolados. De perdedores con emociones. De ganadores sin laureles.

De botellas descorchadas y besos resquebrajados.

Ese bar de Almas con puertas entreabiertas y ventanas desencajadas.

Bares irreverentes de licores destilados que obnubilan y ciegan la cordura.

Que pretenden convencer a la misma disuasión.

Y solo son miradas amargas

con su indefinido sabor… 

Sabor con saber pecador.

 

Ana Lesman

8 comentarios sobre “Alma de bar

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