Infancia olor almendros

De pequeña aquel arroyo se le antojaba un río de sueños.

Los olivos que rodeaban la casa, su casa, le parecían un bosque perfecto.

Los almendros en flor su olor favorito. De mayor se compraría perfumes con aroma a flor de almendro, pensó.

La fuente, debajo de aquella encina, donde lavaba mamá, se le asemejaba a un trocito de cielo pintado solo para ellos.

Y en su retina guardaba los juegos con sus hermanos que se le antojaban películas exóticas, todo lo exótico que en sus pocos años había soñado y aprehendido.

¡Ah, y sus amados libros! Que le hacían convertir lo cotidiano en historias maravillosas de las que impregnarse cuando cediera la inocencia de la vida.

Eran  tiempos de infancia. Niños que dejaban volar la imaginación sin lugar para otra cosa que no fuera vivir como niños, una vida de niños, de esos que soñaban con ser mayor.

 

Escritora del Alba
Escribir es viajar a un mundo de sueños

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