Alma

Me pregunté a dónde irían mis versos al morir,

mas convine que solo puede ser

de la misma forma que nacer los vi.

En la soledad de un lápiz. En el blanco de un papel.

En unos ojos envenenados de letras,

atados a un alma hambrienta

alimentándose de cientos, de miles de poemas.

O, quizá, desalmadamente; condenados a ser hoguera eterna,

que al rozarla con la mirada refleja el “yo” del poeta.

Llama etérea que arde…

Más nunca…, jamás quema.

ana-lesman-firma

4 comentarios sobre “Alma

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