Morir sin ella

Él sepultó su utopía efímera e inmarcesible

concibiendo detener la clepsidra

mientras  al unísono sus horas

anunciaban  una triste melodía.

¡Tiempo nómada de presente errante!,

no busques en liturgias de atardeceres

porque, quizás no deseas ver,

quizás  es que tus ojos se vaciaron de luz de vidrio

y mueres sin ella cada atardecer.

Mas ella, en otros lares, donde nadie la señala, donde nadie la habita,

ruega a no sabe qué Dios:

“¡Enséñame a ser dichosa lejos del dolor!, de mi dolor que es el tuyo,

lejos, te lo imploro, de la aflicción de tu  error”.

ana-lesman-firma

3 comentarios sobre “Morir sin ella

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