No me dejes ir…

¡Quédate a mi lado!

No dejes que te descuelgue de mi memoria.

Prohíbele a mi mente que borre tu estela.

Hospeda mis manos bajo tu regazo

e incítalas a trazar sobre mi cuerpo

el sosiego de aquella luna

 cuando hacíamos…

Amor.

¡No dejes que me vaya!

Ni permitas a mis sentidos relegar la esencia de tu voz.

Evita que dialogue con otro silencio que no sea el tuyo.

Impídeme promulgar la sentencia de mi adiós.

Haz cosas irreverentes o locas para retener tu nombre,

a sabiendas de que estaremos en el lado contrario,

de eso que duele y que, aun así,

seguimos llamando a gritos callados…

Amor… ¡No me dejes!