Tristezas prestadas

En sesenta segundos no se salvan los miedos.

En un minuto no se rescata de la hoguera al ego ciego

disfrazado de tristezas prestadas.

Vapor sombrío bajo el que he llorado y he reído,

y he enjugado las lágrimas caducas del tiempo

jurándome eternidad.

Porque mi sien taladrada

por el hierro de la sinrazón,

 repite al igual que un bardo:

“Desde que tu luz se ahogó

solo hallo atmósferas

encendidas en azul

donde colisionan partículas

de geometría variable

que subliman mi ánimo nublado

rezumado en la clepsidra

entre lo divino y lo humano”.

3 comentarios sobre “Tristezas prestadas

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